domingo, 5 de mayo de 2019

Alex, fan de Ludwig van Beethoven



Soy Alex DeLarge, y en los inicios de mi historia tenía 15 años y vivía con mis padres, siendo yo hijo único, en Inglaterra, lugar en el que nací. Tenía y tengo una contextura delgada, soy un de piel clara y no utilizaba el pelo largo. También, me encanta la música clásica, en especial Beethoven 
Normalmente salía en las noches con mis aliados drugos, Lerdo, Georgie, Pete, con quienes teníamos una banda, en la que yo era el líder, por mi capacidad de crear planes, en los cuales, casi nunca se objetaba algo. Para vestir, todos usábamos lo último que estaba de moda, que eran pantalones negros ajustados, chaquetas cortas sin solapas, corbatas, unos sombreros negros, unas botas buenas para patear y el pelo no demasiado largo.
Por mi edad, voy al colegio, los días que tengo ganas, y trabajo en las noches, según lo que saben mis padres, pero en verdad salgo con mis drugos a hacer toda clase de maldades que se me ocurren, como el antiguo mete y saca, que tanto me gustaba, y junto a eso, ganar dinero entre tantos asaltos que realizamos a algún veco desprevenido que veíamos pasar por la calle.
Pero ya basta de contar sobre mi genial vida, que me trae nostalgia, mejor les contare sobre los días en los que cambio mi vida. Yo estaba tomando moloco con synthemesco junto a mis drugos en el típico bar de siempre, intentando ponernos ultraviolentos como nos gustaba hacer cada noche, antes de hacer travesuras. Al salir yo decidí ir por una casa para poder saquearla, logrando nuestro cometido, pero no con un gran botín como esperaban mis compañeros. Al día siguiente cuando me junté con ellos, estos quisieron hacer sus propios planes, por lo que yo les seguí, pero sin antes tener un duelo a cuchillos con ellos, porque quería demostrar que yo mandaba. Después de este incidente, fuimos a ver a una anciana que tenía una gran fortuna, pero esto fue una mala idea para mí, porque estos malnacidos de mis drugos me traicionaron, ese desgraciado de Lerdo me pego con una cadena en la cara y me dejaron aturdido hasta que llegaron los policías. Cuando me atraparon, estaba pensando sobre los militso “infierno y basura, si ustedes bastardos están del lado del Bien, me alegro de pertenecer al otro club” (Burgess, A., 2019, pág. 45), se notaba mi discordia con ellos. Con esto me mandaron a prisión por 14 años, porque al final maté a esa viejita amante de gatos. Pasaron 2 años desde que entré a la cárcel, en los que intenté ser amigo de un tipo religioso para solo que me acortaran los años de cadena, pero justo llegaron y me invitaron a un experimento de prueba para reintegrarme a la sociedad, pero fue lo peor que me pudo haber pasado, pero para qué molestarlos con eso, mejor dejo que lo averigüen más después.


(Fotógrafo: Javier González-Modelo: Brando González)
Alex DeLarge


Pete, el drugo

Hola me presento, mi nombre es Pete y en el antaño pertenecí a la banda de Alex, siendo uno de sus drugos. Nuestra historia juntos es desde que pasábamos las noches en el bar tomando lecheplus, y luego saliendo a hacer algún que otro crimen leve o de gran magnitud, dependiendo de los ánimos, ya sea al agredir a un vagabundo, como robar alguna casa. Una noche nos encontramos con nuestros contrincantes, Billy Boy y sus drugos, peleamos hasta que cayeron todos los suyos.
 Recuerdo que al día siguiente llego Georgie con la idea de robar una casa a petición de Will el inglés, ya que había algo que él quería. Lo que Georgie propusiera, era un robo inesperado, pero no supuse que molestara tanto a Alex como para que hiriera a Lerdo y Georgie con la excusa de que era para dejar claro quién era el líder, porque toda banda de drugos necesita un líder y una jerarquía. Yo me salvé de que me hiriera con su navaja porque de entre los 4 yo era el más débil y al igual que Alex era delgado, además le dije que no había hecho nada y que él era el líder. Al final igual fuimos a hacer el robo, pero antes pasamos a un bar para calmar los ánimos de la tarde.
Al momento de robar la casa, primero tocamos, Alex llamó a la puerta pidiendo que por favor lo dejara usar su teléfono, ya que había ocurrido un accidente y su amigo estaba malherido, la señora no cedió, pero le dijo dónde podía encontrar un teléfono para que pudiera llamar a la ambulancia, Alex decidió entrar por una ventana, para poder abrirnos la puerta y pudiéramos llevarnos cosas. Cuando Alex entró a la casa, el resto de los drugos y yo esperábamos en la puerta delantera. Al cabo de unos minutos se escucharon ruidos dentro de la casa, y poco después salió Alex con muy mala cara, grito que huyéramos rápido, porque iba a llegar la policía y cuando estaba por correr, veo como Lerdo golpea a Alex, quedando este adolorido en el piso y lo único que pensé en hacer fue correr lo más lejos posible para que no me atrapara la policía.
Hace unos días me encontré con Alex, un Alex distinto al que en ese entonces era el líder de la banda, era un Alex que paso por la prisión y luego fue sometido a un experimento, “El Ludovico”. Le conté a mi drugo que había contraído matrimonio, que ya no cometía crímenes y al parecer escuchar eso le hizo reflexionar, ahora lo veo mejor y estoy feliz de eso.


Drugo Pete golpeando a ciudadano
(Fotógrafo: Victor Cabrera-Modelos: Javier González y Brando González)


¿Realmente vale pena leer el libro?

Si bien es verdad que este libro muestra una distopía en una época pasada, donde ocurren escenas de violencia, maltratos y violaciones, siendo el protagonista participe de estas, en donde, no mataba a sus víctimas, sino que las dejaba muy malheridas, pero cuando finalmente mato a una persona, sintió un fuerte remordimiento. Ese sentimiento de cual fue una de las causas que nos llamó la atención, por el solo hecho de mostrarlo más humano o cercano a la realidad, porque detrás de todo ese mal que cometía, siempre hubo una persona con buenas intenciones por detrás, aunque estén al fondo del corazón, por lo que pueden cambiar.
 Además, nos llama la atención la fortaleza mental que tiene Alex, al momento de ser sometido al experimento rehabilitador, ya que ve escenas muy fuertes para cualquier persona, en las que uno sentiría lastima en seguida, pero en cambio, él aguanto todo hasta poder ser “sanado”, pero lástima que esto no le ayudó en la cuidad, por todo lo que tuvo que aguantar en los primeros días. También, esa resistencia por no querer suicidarse con todo el malestar que siente, aunque al último lo intenta, pero que más se le puede pedir a alguien como él.
 Otra cosa que nos llama la atención, es el uso de palabras inventadas en la narración de la historia, por parte del autor, sin quitarle fluidez a la lectura, pero sí complejizando la comprensión, por lo que al momento de leer teníamos que disponer del glosario, y buscar cada palabra que no entendíamos, quitándonos tiempo que nos hubiera servido para terminar la lectura antes.
 Pero lo que en verdad nos marcó, fue todo lo que Alex pudo madurar con el paso de la historia, aunque más después del tratamiento, porque estaba pasando muy malos momentos e igual intento salir adelante, de buena forma o no, pero nunca rindiéndose, si hasta el mismo se da cuenta al decir “Y sentí un bolche agujero dentro de mi ploto, que me sorprendió incluso a mí. Comprendí lo que estaba sucediendo, oh hermanos míos. Estaba creciendo.” (Burgess, A., 2019, pág.116) Y nos da a sentir una acción muy valorada por parte de él y nuestra.

Así que los invitamos a leer el libro “La naranja mecánica”, si quieren tener una nueva mirada del mundo y de los cambios que puede llegar a tener una persona, luego de que, de un momento a otro, la vida le cambie. Además, al leer el libro, vas armando una conexión con el protagonista, que es difícil tener con otros protagonistas en la actualidad.
Alex en el bar bebiendo moloco
(Fotografo: Victor Cabrera-Modelo: Brando González)

Del mal al bien, la historia por detrás


Sentado en el bar, esta Alex y sus drugos, Pete, Georgie y Lerdo, tomando su típica bebida, la leche con synthemesco, ya que no se podía vender alcohol, y gracias a ella, se ponían más agresivos y locos en este distópico mundo. Esa noche comenzó con una golpiza, de parte de la pandilla, a un vagabundo que cantaba estando ebrio.  Con el paso de las horas, fueron a la casa de una pareja de adultos, para robarles, pero terminaron dejando a un hombre lastimado y violaron a la mujer de este. Al siguiente día, al darse cuenta que no tuvieron consecuencias por los actos de la noche anterior, Alex decidió juntarse con sus drugos, donde Georgie propone un lugar para robar en la noche, pero esto no le gustó a Alex, ya que volvía a Georgie a una posición mayor que él, por lo cual decide dejar claro su lugar de líder al pelear con cuchillos contra Lerdo y Georgie, dejándolos heridos. Y esa noche fueron a la casa de una señora, a la cual Alex la termina matando por error, aunque estaba bajo el efecto de la leche, pero esto fue lo peor que pudo hacer, porque al momento de escapar, sus drugos lo traicionan, y Lerdo lo agrede con una cabeza dejándolo con un insoportable dolor, y al estar en este estado, la policía lo arresta. Al interrogarlo en la comisaria, es declarado culpable y enviado a la cárcel con una pena de 14 años.
Alex, al pasar 2 años en cárcel, se intenta hacer amigo del capellán de la cárcel para salir más rápido, pero se vuelve a meter en problemas al matar a un compañero de celda. Junto a estos problemas, llega el ministro del interior a reclutarlo para un nuevo proyecto experimental de reinserción, en el cual Alex decide participar.
 Este experimento, denominada “El Ludovico”, intentaba hacer cambiar a Alex por medio de shock, mostrándole imágenes sobre agresiones y muertes, como un hombre degollado y una anciana siendo quemada, mientras escuchaba música clásica, para que luego le genere un malestar cada vez que las vea o escuche esta música.
Luego de varios días de sufrir esto, Alex fue considerado rehabilitado después de hacer una prueba en una exposición, y fue dejado en libertad.
Al tener varios problemas en la cuidad, los policías lo detienen, y se da cuenta que eran Lerdo y Billyboy, pero estos lo terminan agrediendo, donde Alex termina herido. Para ser salvado, llega a la casa del hombre que agredió, junto con violar a su mujer, con su pandilla, y este lo acoge, pero luego lo encierra y le pone música clásica para lastimarlo por el efecto del experimento, y con esto, Alex intenta suicidarse, pero falla y termina en el hospital. Ahí, lo visita el ministro, quien le promete quitarle lo hecho por el experimento. Con los años, Alex se da cuenta que no le interesa la violencia, porque maduro, pero necesita amor en su vida.


Alex bebiendo moloco
(Fotógrafo: Victor Cabrera-Modelo: Brando González)